Radiografía de un virus

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Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza
habla mientras el género humano no escucha
Víctor Hugo

Todo empezó un jueves por la noche. Una mutación de la influenza apareció de pronto en sus vidas. Las medidas sanitarias fluyeron junto con el otro virus, el de siempre, el más arraigado en el pueblo.

Mientras la nueva influenza cobraba sus cuotas, el de siempre infectó a los que pensaron que tenían vacaciones y no que estaban en semi-cuarentena; liberó su ADN en el chico que insiste en saludar de beso; se multiplicó en la señora que mete la mano en la comida del supermercado para “probarla” y finalmente, acabó con aquellos que escupen en cualquier parte, como en pleno pasillo de un Wal-Mart.

Se le bautizó finalmente como “Influenza Humana (AH1N1)”; el de siempre por su parte, ya estaba bautizado. La ignorancia es su nombre, y sigue causando la muerte del alfabetismo cultural, higiénico y educativo, de la capacidad de pensamiento, de la curiosidad por investigar y de la capacidad de decisión; dejando la secuela más temida: mediocridad.

Muerte lenta

Sasha

El cisne triste

Almásy: Todas las noches, me arranco el corazón;
pero al amanecer aparece donde estaba

Reconoce su error. Jugó con fuego y al fin se quemó. Bueno, en realidad la quemaron dos acciones; primero, la maldita tecnología que no sabe guardar un secreto y, segundo, lo que mató al gato y la desilusionó.

Un simple juego de palabras sensuales la hizo terminar en esa cueva. Esperaba que regresara a buscarla, pero no fue así. No hubo promesa, sólo un adiós y el ruido de una puerta que se cerró; que la dejó en el desierto. Dentro de la cueva tiene frío por la falta de sus brazos; afuera, el calor de los que se aman la quema.

Ella no rechaza la responsabilidad de sus acciones, acepta las consecuencias, pero, ¿Acaso debe sacrificar su libertad como persona, mujer y profesionista? Se pregunta. No, se contesta. Aunque eso signifique morir sola, con amor atrapado en su interior y sin el funeral junto al mar que deseaba. A las mujeres no se les perdonan los juegos, aunque sólo sean eso, simples juegos sin sexo.

Amó, fue amada. Ama, es rechazada. Acomoda el libro de Heródoto en su bolsa y, mientras la luz de la linterna se le acaba, sonríe falsamente al mundo.

Matar al gato

Reg Speller

 

Desdémona: ¿Por qué tengo miedo?

Otelo: Piensa en tus pecados

Desdémona: Son amores que te doy

Otelo: Pues por eso has de morir

Desdémona: Matar por amor es dar muerte cruel

 

Lo sabe, sabe que no debía hacerlo. Sabe que por su curiosidad descubrió lo que tanto temía. Lo peor del mundo para él, no es el descubrimiento de los mensajes en el celular de ella, sino la historia que su Yago interno le cuenta a partir de lo desconocido.

 

Imaginar lo peor es la tendencia, decirlo, es la creencia fiel de que sucedió. Da vueltas tratando de entender lo que está pasando. No puede creer que ella lo engañe; él es todo un hombre. Se pregunta: ¿Qué es lo que me falta, que ella busca en otro lado? Mientras, la historia sigue pasando en su mente como una película, donde la imagina con otro, en brazos de otro.

 

Siente ira por los actos que supone ella hace, aunque la oculta desviándola hacia el fulano causa de su desgracia, alardeando de que si se lo encuentra, mínimo le rompe su madre por involucrase con la mujer de otro. Por no respetar lo ajeno. Ya no vive en paz, no la pierde de vista y está atento a sus actividades como un felino a punto de cazar; le cuesta trabajo mantenerse alejado del celular de ella. Sufre por lo que desconoce y se llena de más rabia por lo que cree.

 
¿La solución? Al fin la encontró. ¡Matarla! Debe pagar por lo que ha hecho, aunque realidad mata lo que lentamente lo está matando a él.

Mutualidad errónea

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El hombre y la mujer han nacido para amarse,

pero no para vivir juntos.

Los amantes célebres de la historia

vivieron siempre separados.

Noel Clarasó

 

Amigos míos:

 

Suele suceder que cuando una relación se termina la responsabilidad se le achaca a todo y a todos menos a los realmente responsables, que son la pareja en si. Los orgullos pisados y deshilachados, pesan más que los mismos hechos.

 

¿Por qué las parejas no pueden socratizar en lugar de luchar? Porque los diálogos no reparan emociones ni ilusiones rotas, no enmiendan con parches los hoyos que el dolor y la ira carcomen como comején.

 

Ella, juega juegos de palabras sensuales con sus amigos. Él revisa lo ajeno. Ella se convirte a los ojos de él en una cualquiera; él se convirte a los ojos de ella en un vouyerista paranoico. La duda entra y se olvidan del amor y de lo que los mantenía unidos. Los dos actos son igual de graves a los ojos de todos, pero, a los ojos de la pareja es peor lo que el otro hizo que lo que uno mismo ha hecho.

 

¿Saben? Sería bueno cada vez que unos amantes se pelean, voltearan a ver la foto que les trae a la mente ese momento tan disfrutado, tan emocionante; irse a dormir y al otro día mientras desayunan frente a un jugo de naranja y un café, mirarse a los ojos, encontrarse en ellos y por el amor que dicen sentir el uno por el otro, perdonarse y volver a empezar.

 

¿Difícil? En efecto, mucho, porque en realidad nos amamos más a nosotros mismos que al otro.

 

Les deseo un buen día y gracias por su atención. Un abrazo.

 

Escucha: Buenas intenciones…

 

Dudosa seducción

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Es una boquita encantadora. Pequeña, carnosa, con ese corazón tan bien formado en su parte superior. He de reconocer que me dedique a obsérvala desde que la vi hacer ese pequeño agujerito entre los dos labios, tan seductor, como sorbiendo de un popote imaginario,

 

Se balancea con gracia cuando pronuncia palabras; mantiene un ligero y gracioso tic que hace que se mueva hacia la derecha con una simpatía que hechiza; te mantiene al pendiente de su siguiente acción.

 

Finalizada tan concienzuda investigación, me percaté de un pequeño detalle que se había escapado en el análisis… Mi interlocutor es ¡Una mujer! En cuestión de segundos tuve que definir lo que pasaba: o estaba cambiando de preferencias sexuales o había sido un lapsus causado por la fascinación de boca tan coqueta.

 

Llegué a la conclusión de que había sido un momentáneo “resbalón”. Pero aún sigo pensando que esa, esa ha sido la boquita más bonita que me ha tocado ver…

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