Hecho en México

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Sucedió en una tiendita del pueblo de Celestún, México.  

Tendero (Sonriente): Buenas tardes

Primo Sayil: Buenas tardes, me da un six de Indio, por favor – Un paquete de 6 cervezas    mexicanas -

Tendero (Serio): Joven, hay que consumir lo que se hace en México

 Sayil y su primo se voltean a ver y sueltan la carcajada

Primo Sayil: Esta bien señor, deme un six de Sol

Tendero (Sonriente): Así si, joven..

 Al salir, ilustramos al tendero de que la cerveza Indio también es mexicana… Hace falta que las cerveceras les den un curso de productos a sus clientes

Delfines

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Cuando era una niña, solíamos viajar en carro a visitar a mis abuelos que viven en Campeche y Mérida (Paternos y maternos respectivamente). Debido a múltiples cambios en la vida, hacia mucho que no realizaba el viaje como antaño. Este año, viajé con mis papás como antiguamente y recordé viejos tiempos. 

Un evento que me encantó: el ver a los delfines en el tramo de Zacatal a Cd. del Carmen. Cuando chamaca, cruzar a Campeche se hacía por ferrys (Llamadas localmente pangas), entonces se tomaban dos: una para cruzar del continente a la isla del Carmen y otra para cruzar de la isla al continente de nuevo. Desde hace tiempo las pangas se cambiaron por dos impresionantes puentes sobre el mar que hacen el trayecto más corto y seguro. 

Cuando se viajaba en pangas, podían verse a los juguetones delfines animar el trayecto de una hora, rondando alrededor del vehículo. Ahora volvieron a halagarme la vista, cuando cruzando el primer puente, aparecieron en un mar recién llovido. La imagen que acompaña éste post es exactamente como se vieron.

De nuevo sirena

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Así es, después de más de dos largos meses, de nuevo me zambullí a nadar. Las vacaciones en Mérida han sido el pretexto para sentir el mar y las albercas de nuevo.  

Que grato fue sentir de nuevo el agua que pasa a través de mi cuerpo. Me dio gusto que a pesar del tiempo guardo mi condición física y que me siento ligera gracias a la dieta que ahora estoy haciendo. 

Fue el momento en que me olvidé del mundo y sólo pensé en lo gratificante que se siente el ejercicio. Nadar hizo que me cargara de energía. 

Celebro entonces, el hecho de que la alergia no haya logrado convertirme en sirena, pero si volver a sentirme una en cuanto toqué el agua.

Abejorro neoyorquino

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En alguna calle de Wall Street, Nueva York, noviembre 2006. Sayil levanta su mano derecha y al acto un clásico taxi neoyorquino se detiene junto a ella.

Taxista: ¿A dónde la llevo?

Sayil: Crowne Plaza de Times Square

Taxista: ¿De dónde es?

Sayil (con orgullo): De México

Taxista: Suba, a los de México si los llevó

Sayil (intrigada): Gracias, ¿Por qué a los mexicanos si nos lleva?

Taxista (de por medio oriente): Porque son amables y además usted habla bien inglés y eso facilita mi trabajo

Sayil (complacida): Gracias

Taxista: Me gusta el español, se algunas palabras

Sayil (disfrutando la ciudad): Ok

Taxista (mirando por el retrovisor): Mamacita

Sayil (entre asombrada y enojada): ¿Perdón?

Taxista: ¿Qué significa?

Sayil (con aire serio): Es una palabra que en México algunos hombres consideran un piropo para las mujeres, pero para algunas es más bien una agresión en lugar de halago

Taxista: ¿Qué se debe decir entonces?

Sayil (esbozando una leve sonrisa): Bonita, es más agradable

Taxista (con los ojos en el espejo retrovisor): Tú bonita, yes

Sayil (desviando la mirada): Gracias 

Silencio hasta llegar a la puerta del hotel, Sayil se baja del taxi… 

Taxista (con una gran sonrisa): “Adiós, mamacita”

Sayil (entre enojada y resignada piensa): Al final de cuentas, no importa en qué lugar del mundo se encuentre uno; si debes ser, serás la mamacita de alguien