
En alguna calle de Wall Street, Nueva York, noviembre 2006. Sayil levanta su mano derecha y al acto un clásico taxi neoyorquino se detiene junto a ella.
Taxista: ¿A dónde la llevo?
Sayil: Crowne Plaza de Times Square
Taxista: ¿De dónde es?
Sayil (con orgullo): De México
Taxista: Suba, a los de México si los llevó
Sayil (intrigada): Gracias, ¿Por qué a los mexicanos si nos lleva?
Taxista (de por medio oriente): Porque son amables y además usted habla bien inglés y eso facilita mi trabajo
Sayil (complacida): Gracias
Taxista: Me gusta el español, se algunas palabras
Sayil (disfrutando la ciudad): Ok
Taxista (mirando por el retrovisor): Mamacita
Sayil (entre asombrada y enojada): ¿Perdón?
Taxista: ¿Qué significa?
Sayil (con aire serio): Es una palabra que en México algunos hombres consideran un piropo para las mujeres, pero para algunas es más bien una agresión en lugar de halago
Taxista: ¿Qué se debe decir entonces?
Sayil (esbozando una leve sonrisa): Bonita, es más agradable
Taxista (con los ojos en el espejo retrovisor): Tú bonita, yes
Sayil (desviando la mirada): Gracias
Silencio hasta llegar a la puerta del hotel, Sayil se baja del taxi…
Taxista (con una gran sonrisa): “Adiós, mamacita”
Sayil (entre enojada y resignada piensa): Al final de cuentas, no importa en qué lugar del mundo se encuentre uno; si debes ser, serás la mamacita de alguien