La Reina*

Philip Vaughan

Se cuenta de un rey que un día decidió tener un heredero, así que los meses posteriores a su decisión los dedicó a la búsqueda de la mujer perfecta para tal encargo. Conoció a una joven en la que identificó lo necesario para ser la madre de un príncipe. Cierta vez realizando los preparativos para la boda, la mujer escuchó una conversación: 

     – Bella es, pero ¿qué más habéosle visto que os has enamorado?
     – ¿Enamorado? No, eso no querido amigo; lo que me interesa es que me de un hijo – contestó el rey

La joven corrió lejos del castillo con todo el desencanto que es posible arrastrar; en su camino encontró a una anciana que la consoló y le obsequió un menjurje que cambiaría su vida, siempre y cuando lo tomará diario hasta el día de su boda.

Llegó la noche de bodas, y mientras el rey besaba los suaves labios y probaba la dulce piel de su esposa, se empezó a transformar en una cansada anciana de piel cuarteada; en tanto, la joven adquiría la forma de él. Fue en ese momento, que aquella mujer se convirtió en la Reina,  bajo la figura de su amado rey.

*Participante en el

VII Diomedea

Decir

 

kamil vojnar

                          [Te amo, te necesito…]

                          Primero lo dijiste, ahora lo siento;
                          en cada caricia y en cada beso;
                          robamos el tiempo;
                          los mimos y los abrazos 

                          [Te amo, te necesito…]

                          Un minuto, dos horas;
                          toda una vida 

Corazón Loco

Secuencia

Kurt Hutton

                                     Primero
                                                 tus manos,
                                     luego
                                                 tus labios,
                                                 tu cuerpo…

                                     Calor;
                                                 calor que me quema la piel,
                                     tu miembro que penetra la profundidad,
                                                 que espera encontrarme, sentirme

                                      Y ahí…
                                                  La explosión de dos formas,
                                       agotadas; extasiadas

Muerte lenta

Sasha

El cisne triste

Almásy: Todas las noches, me arranco el corazón;
pero al amanecer aparece donde estaba

Reconoce su error. Jugó con fuego y al fin se quemó. Bueno, en realidad la quemaron dos acciones; primero, la maldita tecnología que no sabe guardar un secreto y, segundo, lo que mató al gato y la desilusionó.

Un simple juego de palabras sensuales la hizo terminar en esa cueva. Esperaba que regresara a buscarla, pero no fue así. No hubo promesa, sólo un adiós y el ruido de una puerta que se cerró; que la dejó en el desierto. Dentro de la cueva tiene frío por la falta de sus brazos; afuera, el calor de los que se aman la quema.

Ella no rechaza la responsabilidad de sus acciones, acepta las consecuencias, pero, ¿Acaso debe sacrificar su libertad como persona, mujer y profesionista? Se pregunta. No, se contesta. Aunque eso signifique morir sola, con amor atrapado en su interior y sin el funeral junto al mar que deseaba. A las mujeres no se les perdonan los juegos, aunque sólo sean eso, simples juegos sin sexo.

Amó, fue amada. Ama, es rechazada. Acomoda el libro de Heródoto en su bolsa y, mientras la luz de la linterna se le acaba, sonríe falsamente al mundo.

Mutualidad errónea

mutualidad-erronea1

El hombre y la mujer han nacido para amarse,

pero no para vivir juntos.

Los amantes célebres de la historia

vivieron siempre separados.

Noel Clarasó

 

Amigos míos:

 

Suele suceder que cuando una relación se termina la responsabilidad se le achaca a todo y a todos menos a los realmente responsables, que son la pareja en si. Los orgullos pisados y deshilachados, pesan más que los mismos hechos.

 

¿Por qué las parejas no pueden socratizar en lugar de luchar? Porque los diálogos no reparan emociones ni ilusiones rotas, no enmiendan con parches los hoyos que el dolor y la ira carcomen como comején.

 

Ella, juega juegos de palabras sensuales con sus amigos. Él revisa lo ajeno. Ella se convirte a los ojos de él en una cualquiera; él se convirte a los ojos de ella en un vouyerista paranoico. La duda entra y se olvidan del amor y de lo que los mantenía unidos. Los dos actos son igual de graves a los ojos de todos, pero, a los ojos de la pareja es peor lo que el otro hizo que lo que uno mismo ha hecho.

 

¿Saben? Sería bueno cada vez que unos amantes se pelean, voltearan a ver la foto que les trae a la mente ese momento tan disfrutado, tan emocionante; irse a dormir y al otro día mientras desayunan frente a un jugo de naranja y un café, mirarse a los ojos, encontrarse en ellos y por el amor que dicen sentir el uno por el otro, perdonarse y volver a empezar.

 

¿Difícil? En efecto, mucho, porque en realidad nos amamos más a nosotros mismos que al otro.

 

Les deseo un buen día y gracias por su atención. Un abrazo.

 

Escucha: Buenas intenciones…

 

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