Si tú supieras lo bien que me siento cuando escucho tu voz. Esa lectura que diario me regalas hace que pase de la emoción del relato a un suave murmullo que me adormece, que me relaja, como si estuviera en casa, en el regazo de mi madre.
¿Sabes? Si mi madre hubiera aprendido a leer, le pediría que diario me leyera historias de elefantes intrépidos y valientes. Tu voz, me hace regresar a la historia, es de humanos, pero aún así… me gusta, me intriga.
Tú y yo aquí, en la soledad de la sabana, sólo el viento que a veces aleja el sonido melodioso que emana de tú boca.
Prométeme que un día… me enseñaras a leer.




Ricardo Cabrera Uribe dijo:
Mayo 9, 2008 a 3:24 pm
Pondría en una grabadora mi voz y te la pondría repetida, sin embargo con la tecnología te lo grabo en mi pc y la dejo repetir el cuento tantas veces quieras.
Si te aburres te pongo otra lectura, porque quedarme solo con una?