Primera tentación

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“Si hay algo que no resisto es la tentación…”
Oscar Wilde 

Sus amables modales, su sentido del humor, su seductor tono de voz; todo en conjunto lo hacían una tentación. 

Se que los seres humanos no debemos sucumbir a las tentaciones así como así. Hay que tener dominio de uno mismo y de nuestros impulsos pero ¿Cómo resistirme si ahí estaba? Como una predisposición divina. 

Él, abre la puerta del carro como corresponde a su estilo; yo, paso cerquita y siento su respiración. De frente. Los labios se acercan, hay duda, al final se rozan, se conocen y se funden. Puedo sentir su mano que con fuerza me acerca hacía él. 

Después, el silencio…

Incoherencias

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Cándida y Sayil viendo “Un amor para recordar” y comiendo palomitas…

Sayil (llevándose un puño de palomitas a la boca): ¿Y tú qué haces aquí encerrada hoy?Cándida (una lágrima resbala por su mejilla): Pues es que mi abejorro dice que San Valentín es una fecha comercial
Sayil: En cierto modo si, tiene razón
Cándida: Mmmmm
Sayil: ¿Por qué el desasosiego?
Cándida: Es que entonces el día de la madre también sería un día comercial ¿no crees?
Sayil: Si y ¿qué pasa con eso?
Cándida: Que a su madre si la festeja aunque sea un día comercial

Sayil, la abraza y la consuela mientras le dice que o cambia de abejorro o espera a ser madre para que la festejen.

Ansiedad intelectual

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Tenía la necesidad de ir. Pero me resistía, sabía lo que podía pasar. De hecho lo podía predecir. Sin embargo, había que hacerlo, debía expandir mi mente. Y sin darme cuenta, me encontré parada justo en la entrada. 

La sensación de que la vida es muy corta y no me alcanzaría el tiempo me embargo como otras tantas veces. Ahí, enfrente de tanto libro cerré los ojos y caminé al área dónde estaba el ejemplar necesitado. 

Al final de cuentas no lo pude evitar y salí con otros dos ejemplares no tan necesarios, pero si interesantes.

Desnudez

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El otro día, soñé que caminaba desnuda por la calle. Iba por Madero rumbo al zócalo, paseando la simplicidad de mi cuerpo. En el trayecto se me unieron unos hippies que alabaron la valentía de mostrar mi libertad lejos del yugo de los convencionalismos. Más adelante, unas señoras que salían de la Profesa se persignaron y lanzaron consignas a favor del pudor y las buenas costumbres. 

Ya en el zócalo, los manifestantes en turno comenzaron a decirme improperios por arrebatarles la atención de los periodistas; el grupo de hippies me defendió, las señoras de la vela perpetua me pegaron con su bolsa y en una abrir y cerrar de ojos estaba en medio de un gran tumulto. 

Cuando desperté, la cama me pareció extraña, revisé a mí alrededor y vi a dos chicas. Les pregunté dónde me encontraba. Alegremente me dijeron que estaba en la cárcel… 

- Pero sólo soñé que caminaba desnuda y eso no es delito –pronuncié
- Escándalo en la vía pública –contestaron

Fideos

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(2 porciones) 
Receta rápida para calmar el hambre…

Ingredientes:
 

100 g de fideo Capelli dangelo
2 jitomates pequeños
1 trocito de cebolla
1 diente de ajo
1 cucharadita de aceite de oliva
1 cucharadita de sazonador 

Modo de hacerse: 

En una cacerola mediana se pone a calentar el aceite a fuego bajo. Si el abejorro que te acompaña se acerca suavemente por atrás a ayudarte a cortar los jitomates, se agregan dos o más besos con sabor intenso. Percibes que el aceite empieza a quemarse, aparta tantito al abejorro y muele en la licuadora los jitomates con la cebolla y el ajo. Cuélalos y agrégalos al aceite y mientras éste salpica a todo lo que da, tú, empieza a tocar suavemente con las yemas de los dedos la espalda del abejorro, logrando así un efecto erizado en su piel. 

Toma su mano y revuelve suavemente el jitomate, mientras sientes el peso de su cuerpo tibio sobre tú espalda. Besa su cuello, sin dejar de mover el caldillo. Deja que tú lengua pruebe y recorra lentamente su oreja, tus manos entre tanto, recorren su fisonomía.  

Cuando sientas que hierve… el caldillo, agrega los fideos y deja hervir por otros diez minutos a fuego muy, muy bajo para tener tiempo de acabar de cocinar con tú abejorro y luego lo apagas. Sirve enseguida. 

Nota: Si por alguna razón excedes los diez minutos sugeridos, no te preocupes, para cuando acabes de cocinar con tú abejorro, lo que menos importa son los fideos.