Compartirte

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Querida M, quisiera hablarte de un inconveniente que a veces se presenta cuando se vive solo. Al principio todo es muy padre, la independencia de acciones con respecto a la casa familiar es maravillosa; al fin puedes poner en práctica todas esas ideas que tenías y que no podías realizar.  

El sentimiento de disfrute de tu persona, tus pensamientos y tus posesiones es muy halagador, te hace sentir fuerte y segura; responsable de tus actos y de la forma en que de ahora en adelante te conducirás por la vida. Sin embargo, después de un tiempo empiezas a sentir la necesidad muy humana de “compartirte” con otra persona.

Deseas llegar a ese hogar y que la soledad o el televisor no sean los que te esperen, de no cenar sola, o simplemente de querer compartir tu día con otro.  El vivir sola se hace costumbre y quizá luego sea difícil emprender un camino compartido, pero si lo deseas lo puedes lograr, piensa que no por vivir sola quieres una vida de soledad. 

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