Crónica de una salida anunciada II

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Lo que siguió al salir de la oficina fue el llanto sentimental, de por sí soy de lagrimal flojo y con todo esto encima era de esperarse. ¿Pero por qué lloraba en realidad?  

Por mi orgullo herido. Jamás he salido de un empleo así y menos en la forma en qué paso. El sentimiento que me queda es de tristeza porque al final de cuentas te encariñas con tu trabajo y quienes te rodean. 

Me quedan tareas personales difíciles de superar, más no imposibles de lograr. 

V, gracias por haberme hecho ver lo que no quería ver.

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