Anna Karenina I

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La leí por ahí de los quince años, imposible de olvidar. Posteriormente, vi las múltiples versiones cinematográficas y se queda en mi mente esa inolvidable Greta Garbo que se lanza desde un andén al paso del tren.  

Siempre había escuchado que bailar Anna Karenina era el deseo de muchas bailarinas de ballet, aunque a ciencia cierta no sabía el por qué. Ya lo supé, es un ballet en el que el bailarín no sólo debe mostrar su excelente técnica e impecables movimientos; debe transmitir las emociones del personaje que interpreta. Exige tal cantidad de energía y calidad de trabajo que resulta ser uno de los ballets más complicados que me ha tocado presenciar. 

Me deleite la pupila con el ballet de San Petersburgo, de Boris Eifman. No me imaginaba cómo podían hacer para representar no sólo una serie de pasos, sino una novela que involucra situaciones psicológicas. Vi tan claramente representados a Anna, Karenin y Vronsky. La escena final, donde ella se tira a los rieles resulta impactante y de un excelente gusto. Una vez más sorprendió no sólo el ballet, sino la escenografía, la coreografía y los hermosos rostros de todos y cada uno de los bailarines en escena. 

Yo también hubiera querido ser Anna Karenina…

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