Meniscos IV

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Y la cirugía llegó. Pasando el área de admisión, me subieron a mi habitación y me canalizaron; en el intento de poner dicho suero me picaron dos veces… mendigas venas les dio miedo aparecer.  Para esto, ya me habían puesto la clásica bata hospitalaria con diseño aerodinámico en la que la parte de atrás del cuerpo queda con aire acondicionado integrado.

A las 9:30 me pusieron una gorra en la cabeza y  fui trasladada a la sala pre operatoria; después de un rato pasó a verme mi doctor con el anestesista. De ahí al blanco y limpio quirófano. Donde se decidió que una anestesia espinal sería lo mejor. Entre los analgésicos, el tafil y la anestesia pues fue una rica operación en medio de un cóctel de medicinas. 

Esa sensación del efecto de la anestesia es toda una aventura, la inmovilidad y pesadez es tremenda. Primero es como si un yunque estuviera sobre ti y hasta la respiración es complicada, por eso te ponen el oxígeno. Luego al ir pasando sus efectos, es como si fueras un  globo. 

Al terminar, me pasaron a la sala de recuperación, sintiendo una cadera tres veces más ancha y sin poder mover aún las piernas.  Ahora aquí estoy con dos puntitos en mi pierna y  con una muleta. Espero que el tiempo pase rápido y la recuperación sea igual.

Meniscos III

Investigué, son pequeños cartílagos en forma de ‘C’, que se encuentran en la parte interior de la tibia y el fémur, se rompió o más bien se cuarteo el que esta en el lado externo de la pierna. ¿Cómo sucedió? Quizá fue un giro o brinco mal ejecutado. La rodilla giro mientras el pie quedo clavado hacia adentro. ¿Quién sabe? Sólo sucedió. 

Cada vez se hace más intenso el dolor, como el doc me había dicho que podía seguir bailando y nadando ahí estoy yo. Definitivamente el dolor más intenso se ha presentado con el ballet. Ya no voy, la rodilla me duele con tan solo caminar. ¡Oh cielos! Qué incomodo. Sólo el calor del agua de la alberca y el movimiento me hacen sentir un poco mejor. 

Ahora necesito subir constantemente la rodilla en una silla para mantenerla estirada. Paciencia, paciencia, ya se acerca la operación. Me siento temerosa, más no miedosa. Confío en mi doctor, no es la primera vez que nos vemos en el quirófano, espero que todo salga mejor que la vez pasada.

Meniscos II

Pues resulta que ahí voy con mis resultados de la resonancia a ver al doctor

Sayil (burlona): Yo creo que nos chorearon doc, no veo nada roto ni entero, sólo cosas en blanco y negro

Doc (riéndose): No te hagas, ya habíamos checado que era un menisco rotito, vamos a ver dónde esta roto

 Sayil y el doc, miran atentamente la lámina de la resonancia 

Doc: Mira aquí esta la ruptura, es en el menisco lateral externo, esta roto y hay que repararlo

Sayil: Oiga los de la resonancia dicen que es de grado III y desgarre, entonces ¿puede no haber cirugía?

Doc: No, que va!!! Es un grado II, afortunadamente no hay que extirparlo todo, sólo hay que quitar la parte rota y listo. Una artroscopia, como la de tu tobillo, pero en la rodilla

Sayil: Bueno, si no hay otro remedio

Doc: Pues no, no hay tratamiento conservador y ya tienes dolor porque el líquido se esta derramando de a poquito

Sayil: Ok, dejeme revisar los días que se me acomodaría para la cirugía

Doc: Si, tú me avisas

Miradas

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Por una mirada, un mundo. G. A. Bécquer 

Siempre he tenido la idea de que en los hombres lo primero que observo es su espalda; sin embargo una de esas tardes en que uno tiene muchos pensamientos entrecruzados y nada que hacer, me di cuenta que en realidad los hombres que me agradan tienen esas miradas que a mi parecer deshacen a una mujer.  

Intensas, claras, penetrantes y dulces. Adoptan la más conveniente según la ocasión, pero igual son cautivadoras. Te dicen en una mirada, lo que tus oídos y tu mente quiere escuchar; te siguen, te buscan, te quieren, te desean, te necesitan, te escuchan…

De izquierda a derecha: Colin Firth, Hugh Jackman, Pierce Brosnan, Edward Norton, Ralph Fiennes y Hugh Grant

Anna Karenina II

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Estando en la fila para pagar el estacionamiento después de la excelente función, escucho atrás de mí a un atento padre contando a su hija de aproximadamente diez años la historia de Anna Karenina:

Papá: … y entonces ella deja a su esposo y a su hijo; para seguir a su amor

Hija: ¿Por qué la matan?

Papá: No la matan, ella se mata, se tira a los rieles del tren

Hija: ¿Por qué?

Papá: Por el remordimiento y la culpa de haber dejado a su hijo y su esposo; por eso…

Sayil (piensa): ¿Y cuándo un hombre se ha matado por tener otra mujer e hijos?

Mujeres, desde que el mundo es mundo, cargamos con todas las culpas. Desde incitar a Adán a comer una manzana y de ahí en adelante todo lo que se le puede ocurrir a la sociedad. ¿Hasta qué día seguiremos cargando culpas que no nos corresponden? La decisión es nuestra.

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