Si ellas pudieran hablar

Sientes que el aire que pasa entre ellas es tan grácil como una pluma de pajarito acariciándolas. Las invitan a la coquetería, a empezar los movimientos seductores. Ellas dirían “Gracias”. 

 

Sientes cómo la lujuria las recorre y las desnuda, arrancándoles cualquier cobertura textil. Las tocan a distancia grandes manos que aunque no parecen monumentales, las oprimen como si quisieran arrancarlas y llevárselas. Son secuestradas. Ellas dirían: “¿Me regresa usted mi ropa, por favor? 

Esa mirada es tan penetrante que te excita y las hace candentes; deseas que lentamente las desnuden y las descubran; que las besen y recorran con suaves caricias desde la ingle hasta el tobillo. Como si ese dedo fuera ligera y suave seda. Ellas dirían “¿Dónde nos vemos?”. 

Definitivamente es una mirada prohibida, las ve de reojo, como si no quisiera caer en tentaciones. Las desviste y las viste con extrema prontitud. Lástima, de seguro ya tiene unas en casa y éstas no serán de él. Ellas dirían “Tú te lo pierdes”. 

Cuando la costura trasera es perseguida tenazmente de arriba abajo, como carretera peligrosa hasta llegar a aquella curva en donde el puente de la falda no permite que llegues a ese orgasmo visual. Ellas dirían “Ven aquí intrépido”. 

Y las tuyas, ¿Qué dicen?…

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