Mi amiga: Ansiedad

Nadie me la presentó, llegó a mi vida de forma casual. La sensación es inolvidable. Estando tan tranquila recostada en mi cama de pronto sentí que mis manos se ponían frías, comenzaron a sudar, pero el sudor estaba frío también. Me giré para distraerme, pero mi respiración se hizo muy pesada, sentía un gran peso en mi pecho que se inflaba cada vez más a gran velocidad. Me senté en mi cama, la oscuridad del cuarto no me ayudaba, pero tampoco pensaba en prender la luz.

No quería despertar a mi madre, no me creería que me estaba muriendo, que el aire me faltaba y la cabeza me daba vueltas, empecé a respirar con la boca y torcer mis manos hasta el dolor….De pronto todo acabó, entonces se desató el llanto del miedo…. ¡Oh no! Mi madre me escuchó, me dijo que eran mis nervios, que el poder de la mente es fuerte; me dio una cucharada de miel y me arropó.

Más de veinte años tuvieron que pasar para que supiera qué es la ansiedad. Años de lucha conmigo misma y contra ella. De actuar sólo lo necesario y un poco más, el resto era decisión de ella, ya que cualquier ocasión feliz o triste la detonaba. Tuvo que pasar mucho tiempo para saber que es hereditaria y que no hay cura absoluta; pero hay medios para controlarla sin que merme mis fuerzas; ahora es mi amiga, parte de mi intuición y mi sensibilidad, co habito con ella en este cuerpo y disfrutamos juntas la vida.

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