¿Bailamos?

De pequeña decía mi mamá que me gustaba bailar, oía música y me movía; apenas tuve la edad de siete años me inscribió a clases de ballet y tanto fue mi gusto por bailar que acabé tomando también clases de: hawaiiano, tahitiano, folklore, flamenco y jazz. Mi disciplina hacia el baile duró catorce años, ya que la escuela -mi carrera-, me demandaba las tardes y tuve que renunciar a mi pasión por completo. Tuvo que pasar la misma cantidad de tiempo de lo cursado, para que ballet-shoes-00011.jpgme animara a regresar a bailar ballet.

La primer traba fue mi edad: 33 años ¡Oh cielos! Nadie se ve lindo con tutú a esa edad, lo relacionan con los hipopótamos de Fantasía, ninguna escuela tenía considerado grupos para mayores de 25; obvio, nada más encantador que las niñitas, digo al menos se ven más simpáticas. Además cuando regresé a bailar estaba medio pasadita de peso, no mucho, pero si algo más de lo que el ballet exige. Afortunadamente encontré una escuela en que lo único que se me pedía era constancia, disciplina, buena alimentación –para bajar de peso- y amor por el ballet. Sobre todo encontré a una amiga: Galina.

Escribe un comentario