Nina*

Primero de enero. Nina se sacude el aburrimiento averiguando sobre clases de natación.

-          ¿Está abierto el club? – pregunta al ver el desorden
-          Si. Están remodelando  -dice Fausto-. Pasa, te doy informes

Pero el diablo, ya se le había metido en el cuerpo. Por sorpresa la golpea, aturdida cae al piso. Ahí la desviste y la viola repetidamente entre insultos y azotes cada vez más fuertes. Nina, casi sin sentido no opone resistencia; entre llantos clama por su madre, está perdiendo la inocencia de su pubertad. 

Nina, gime sin poder moverse. Había que deshacerse de ella. Fausto toma la pala, cava un hoyo, hace mezcla y la arrastra al agujero. Con la pala golpea ferozmente su rostro para desfigurarlo, y de paso matarla.

Fausto y su padre cuidan del abandonado club. El padre había ido al pueblo a ver a la familia, pero regresa justo a tiempo para descubrir al hijo enterrando a Nina.

Sus padres, la reconocen por las pulseras y anillos de sus manos. Fausto, maldice a su padre y desde su celda suplica no más golpes; mientras los otros reos le cobran a Nina.

*Participante en el

Jugar el juego*

John Grant

Hay que “Jugar el juego”, decías siempre, tratando de enseñarme las reglas del amor. Pero nunca me dijiste que alguna vez lo jugaríamos juntos.

De pronto un día, emocionado me contaste: “Estoy cuasi enamorado de un secreto…” El mundo, mi mundo de juegos se derrumbó.

En la emoción del juego había olvidado mis reglas, seguí las tuyas y perdí. “Juega el juego”, me digo, mientras reacomodo las piezas en mi tablero y limpio una lágrima en mi rostro.

♪Play The Game. Queen

*Participante en el I Concurso Internacional de Microrelatos “Museo de la palabra”

Sin confidencias

Arthur Fellig

Veinte años después…

El camión casi parte. Había sido un viaje obligado. Eva siente un suave tirón en el brazo, voltea y de frente el rostro de él le sonríe cálidamente.

          – ¿No crees que a este viaje le hizo falta algo? – le pregunta Adán entre risas y sonrisas

Ágilmente, Eva se suelta de entre sus manos y sube a ocupar su lugar. Él la sigue y se sienta junto a ella. El camión avanza, mientras la cabeza de Adán empieza a reposar sobre su hombro. Recuerda esa otra excursión de la adolescencia, y la incomodidad del pasado la sonroja; sin embargo, era la oportunidad para ajustarse cuentas.

          – Un beso – dijo Eva
          - ¿Mandé? – contestó él
          – Eso le falto a este viaje, un beso

Eva acaricia los cabellos de Adán y recorre su rostro como para aprehendérselo en las yemas de los dedos. Finalmente, sus labios encuentran el valor para unirse en un abrazo carnal. El resto de los pasajeros murmura, pero ahora a Eva no le importa; él es lo que es, un momento de felicidad que bajando del camión, regresara a los brazos de su esposa.

♪Amo el amor de los marineros. Joaquín Sabina/Pablo Neruda

Confidente de secundaria

David Lees

Era un instante de su vida casi olvidado. Sucedió regresando de la excursión escolar, en el camión a Adán se le ocurrió pasar su brazo suavemente por encima de los hombros de Eva; al principio ella no se movió, pero conforme transcurrieron los minutos la sorpresa inicial se desvaneció dando paso a una confianza-desconfiada que la llevó a tocar la punta de sus dedos.

Lo traumático no fue lo que hizo Adán, sino lo que hicieron sus “amigas”. Reprobaron cruelmente el acto, además de correr la voz de que era una fácil y una loca. Todo por el simple abrazo de quien no era su novio. Porque ellas, unas chicas decentes sólo se dejaban abrazar por sus novios oficiales. La ansiedad del ¿pecado?, de las murmuraciones y del control de sus emociones la agotaron. Por lo que en un acto de auto apestación se separó del grupo, refugiándose en si misma.

Entre sombras, así se quedó, ella que nunca había tenido un novio y que seguiría sin él; porque él fue lo que fue, un abrazo de un día, muy lejano de la felicidad.

Leer y escribir*

leer y escribir

Tomo tu cuerpo entre mis manos; leo tu piel, mis dedos rozan las arrugas
Tomas mi cuerpo entre tus manos; lo recorres lentamente, escogiendo las
del tiempo; paso las páginas, encontrando anotaciones en todos lados, las páginas donde deseas escribir. Comienzas en mi boca, dejas la impresión
referencias del autor están a la vista. ¿A qué sabe un libro? Te pruebo, son
del deseo y la pasión. Escribes notas en mi cuello, analizas mi pecho que
todos los sabores y ninguno.
exaltado, pide a gritos que escribas en él.

Leer éste libro, me emociona. Cuenta su historia y penetra en mi cuerpo;
Te gusta marcar mi piel; tu pluma penetra mi hoja sintiendo su textura, el
murmura secretos en mi piel. Leo a hojas abiertas; el amor, el deseo brotan calor de las tintas fluye. El relato se está haciendo, se está plasmando; se
entre líneas. Invade mi mente. Llego al climax del relato, dos voces salen
escribe en mi cuerpo letra a letra. Escribes en mi porque sabes que la
del libro; extasiadas.
palabra escrita perdura; ahora, en esta hoja se encuentra…

Al cabo de un rato… retomo la lectura.
el diario de tus pasiones. 

 

*Participante en el

VIII diomedea

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