Adaptación

Todo fin e inicio de año trae consigo cambios y movimientos a los que es necesario adaptarse. Por lo que por un brevisimo ratito el bichonario estará en adaptación para regresar a contar acerca de los Bichos de la vida cotidiana.

Gracias por estar conmigo durante tres años.

Proximamente estará el libro….

¿Te gustaría platicar?

La economía americana andaba por los suelos, se agudizaría más nuestra añeja crisis. Un “hombre joven de piel oscura” tomaba juramento como presidente  de su nación -cumpliendo las profecías de Nostradamus y las hollywoodenses-. ¿Yo? También tomaba posesión… de un nuevo trabajo que me retaba a romper otros esquemas… los educativos.

Y así, entre jaleos y resistencias docentes, llegó el nuevo virus. Las medidas sanitarias fluyeron junto con el otro virus, el de siempre, el más arraigado en el pueblo. Al nuevo, se le bautizó como “AH1N1”; el de siempre por su parte, ya tenía nombre: la ignorancia; que sigue causando la muerte del alfabetismo cultural, higiénico y educativo; dejando la secuela más temida: mediocridad.

La inspiración me envolvía, sabía cómo hacerlo, cómo implementar las competencias que requiere la educación institucional, más al mismo tiempo otra inspiración me abandonaba, moría. No la mató la influenza, sino el peso de una vida sin treguas. Benedetti deja un vació en mi mente, en mi ser ¿quién de nosotros podrá llenarlo?

Las finanzas no mejoran, no importa “nos vamos al mundial” y eso, alivia cualquier tensión nacional, incluyendo el aumento a los impuestos, paliativo para la pulmonía económica. Mientras, el planeta pide ese respiro que todos sabemos necesita para no explotar, y que en Copenhague no están dispuestos a dar.

¿De dónde surgen estos cambios educativos? Es  la pregunta de siempre. Respuesta: hace veinte años, una nación se reunificó, derrotó el muro que la dividía y nos enseño que se necesita más que teorías para vivir; el pragmatismo de la teoría se hace obligatorio. Alemania es un Fénix.

A Obama por su parte, las encuestas  no lo favorecen, pero, los suecos sí. El premio se le otorga por sus llamadas a reducir las armas nucleares y trabajar como Miss Universo: “Por la paz mundial” ¿Cuándo veremos sus palabras en acción?

¿Y yo? Pues asegún trato de modificar tradicionalismos educativos y personales; y podría hacer mil cosas más en este mundo tecnificado y globalizado, sin embargo, sigo buscando a quién preguntar: ¿te gustaría platicar?

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Nina*

Primero de enero. Nina se sacude el aburrimiento averiguando sobre clases de natación.

-          ¿Está abierto el club? – pregunta al ver el desorden
-          Si. Están remodelando  -dice Fausto-. Pasa, te doy informes

Pero el diablo, ya se le había metido en el cuerpo. Por sorpresa la golpea, aturdida cae al piso. Ahí la desviste y la viola repetidamente entre insultos y azotes cada vez más fuertes. Nina, casi sin sentido no opone resistencia; entre llantos clama por su madre, está perdiendo la inocencia de su pubertad. 

Nina, gime sin poder moverse. Había que deshacerse de ella. Fausto toma la pala, cava un hoyo, hace mezcla y la arrastra al agujero. Con la pala golpea ferozmente su rostro para desfigurarlo, y de paso matarla.

Fausto y su padre cuidan del abandonado club. El padre había ido al pueblo a ver a la familia, pero regresa justo a tiempo para descubrir al hijo enterrando a Nina.

Sus padres, la reconocen por las pulseras y anillos de sus manos. Fausto, maldice a su padre y desde su celda suplica no más golpes; mientras los otros reos le cobran a Nina.

*Participante en el

Jugar el juego*

John Grant

Hay que “Jugar el juego”, decías siempre, tratando de enseñarme las reglas del amor. Pero nunca me dijiste que alguna vez lo jugaríamos juntos.

De pronto un día, emocionado me contaste: “Estoy cuasi enamorado de un secreto…” El mundo, mi mundo de juegos se derrumbó.

En la emoción del juego había olvidado mis reglas, seguí las tuyas y perdí. “Juega el juego”, me digo, mientras reacomodo las piezas en mi tablero y limpio una lágrima en mi rostro.

♪Play The Game. Queen

*Participante en el I Concurso Internacional de Microrelatos “Museo de la palabra”

Sin confidencias

Arthur Fellig

Veinte años después…

El camión casi parte. Había sido un viaje obligado. Eva siente un suave tirón en el brazo, voltea y de frente el rostro de él le sonríe cálidamente.

          – ¿No crees que a este viaje le hizo falta algo? – le pregunta Adán entre risas y sonrisas

Ágilmente, Eva se suelta de entre sus manos y sube a ocupar su lugar. Él la sigue y se sienta junto a ella. El camión avanza, mientras la cabeza de Adán empieza a reposar sobre su hombro. Recuerda esa otra excursión de la adolescencia, y la incomodidad del pasado la sonroja; sin embargo, era la oportunidad para ajustarse cuentas.

          – Un beso – dijo Eva
          - ¿Mandé? – contestó él
          – Eso le falto a este viaje, un beso

Eva acaricia los cabellos de Adán y recorre su rostro como para aprehendérselo en las yemas de los dedos. Finalmente, sus labios encuentran el valor para unirse en un abrazo carnal. El resto de los pasajeros murmura, pero ahora a Eva no le importa; él es lo que es, un momento de felicidad que bajando del camión, regresara a los brazos de su esposa.

♪Amo el amor de los marineros. Joaquín Sabina/Pablo Neruda

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